
A finales del Jurásico tiene lugar un incremento en la actividad de la red fluvial que se tradujo en una mayor proporción de aportes arenosos a la costa, a través de pequeños deltas. Estas acumulaciones de arena intercaladas con fangos darán lugar a las rocas de la Formación Lastres. La acción del oleaje jurásico sobre la arena de la costa dio lugar a ondulaciones en forma de crestas y surcos alargados, idénticas a las que se observan en nuestras playas.
Otro tipo de señales son las producidas por el arrastre sobre el fondo arcilloso, de fragmentos de ramas y troncos que eran transportados por las corrientes de aquella época. En estos sedimentos arenosos deltaicos, vivieron enterrados organismos que han dejado sus huellas. Es el caso de gusanos o artrópodos que excavaban galerías compuestas por tubos en forma de U dispuestos verticalmente. También debieron ser muy comunes los bivalvos, a juzgar por las densas concentraciones de estos organismos que aparecen en esta formación.
En este conjunto de rocas son muy abundantes los fósiles de vegetales entre los que destacen ginkoales, helechos, coníferas, etc. Las partes leñosas de los troncos de algunos árboles, fosilizadas e impregnadas de petróleo, han originado el azabache. Se trata de una variedad de carbón utilizada en joyería y explotada a lo largo de los siglos en Asturias.
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