
En la última parte del Jurásico tuvo lugar un nuevo ascenso del nivel del mar que pasa a inundar de nuevo el territorio que hoy es Asturias. En este caso se trata de un mar interior, separado del océano abierto por una barrera o umbral, que lo protegía del oleaje salvo en épocas de tempestad.
En su fondo se acumulaba barro calcáreo que ha dado lugar a las calizas y margas de la Formación Tereñes. Durante las etapas de mayor sequía, este mar cerrado debió de quedar sometido a una elevada evaporación, produciéndose un aumento en la concentración de sales que favoreció la precipitación de yesos y sal común (o halita) en el fondo marino.
Aquí eran frecuentes los peces e invertebrados como los bivalvos, la densa acumulación de sus conchas ha dado lugar a las lumaquelas. Los ríos jurásicos que desembocaban en él arrastraban troncos de árboles cuyos fragmentos fosilizados aparecen hoy en estas rocas.
Enfrente comentamos la Formación Lastres.